DE NOVELISTAS QUE ASEDIAN LA HISTORIA PARAGUAYA:

A. ROA BASTOS/M. GIARDINELLI

 

Mónica Marinone - CELEHIS-CONICET/Argentina

 

 

En 1980 se edita en Barcelona La revolución en bicicleta[1]del argentino Mempo Giardinelli (1947), primera novela concluida durante su exilio en México a causa de la dictadura militar. Desde una mirada retrospectiva, es un comienzo elocuente, pues permite trazar líneas de continuidad con una tradición que ejerce influencia en este narrador. Indudablemente el tiempo de permanencia forzada en México resultó en algún sentido, positivo: por ej., respecto de vínculos y aprendizajes con escritores como Juan Rulfo o Edmundo Valadés o de cierta distancia en la recuperación imaginaria de un espacio natal próximo al resto de Latinoamérica. Esto quizás haya atenuado los desajustes impuestos por la separación de la textura vital de la propia tierra, así como las dificultades ligadas a la decisión de acceder a una identidad como escritor de ficciones en un medio ajeno. Giardinelli nació en Resistencia, en la provincia del Chaco, zona vinculada geográficamente al Paraguay, su proceso histórico de formación y su particularidad lingüística. La revolución en bicicleta no sólo explota temáticamente esta cercanía, sino que está pensada a la manera de la narrativa de A. Roa Bastos, especialmente de su primera novela, Hijo de hombre[2] (recordemos que Roa noveliza, en su sistema, desde la llegada de los europeos al continente hasta los procesos de remodelación cultural en las formaciones posnacionales, y que la cuestión del poder, los levantamientos, las contiendas, el exilio por razones políticas son nudos reiterados) Con Giardinelli es la versión de otra insurrección paraguaya o puesta en discurso de un tramo parcialmente procesado por la historiografia, donde una “voz” deja oírse por la calidad de su registro (empleo «voz» en tanto su escritura evidencia como la de Roa ,una intencionalidad oralizante) Y, además, es un fuerte ejercicio crítico del presente por el que obviamente se pretende re-formular – también desde el exilio – una inserción de la práctica intelectual en el orden social.

En el caso de Roa, ha sido la búsqueda ob­sesiva de un lenguaje propio, capaz de resignificar la palabra oral o apoyo de la cultura guarani[3], hacia la consolidación de un discurso carente de tradición[4]. De ahí que sus magistrales novelas orienten siempre a una valoración del discurso literario como reescritura que además de instaurar la interrogación o la controversia, contribuir al llenado de vacíos (hablo de la teoría de las lagunas historiográficas) o interferir el dictum “oracular” del pasado, desde su configuración como relatos, asedian nociones de temporalidad e historicidad, propiciando la desacralización de esquemas interpretativos hegemónicos y cierta liberación intercultural como base de una racionalidad diversa. Estas particularidades, sumadas a su cualidad indicial[5], a su vez refuerzan la indecisión, la noción de precariedad – como ausencia de control – propia de todo lo sujeto a una mediatización lingüística. Son ficciones cuyo mayor atractivo, creo, es apelar obscenamente a ese estado de ignorancia suspendida entre nociones como verdad y mentira, porque fundándose en una composición basada en saberes, discursos, textos preexistentes, asida a “reales” verificables y aun localizados, no solicitan ser creídas en tanto que verdad sino en tanto que ficción [6], esa gran posibilidad de dar “realidad” a acontecimientos o cuestiones del mundo. Y justamente Hijo de hombre es una zona donde se lee por primera vez, de manera acabada, la cristalización de su búsqueda. Por eso Giardinelli parodia este texto, novelizando el fracaso de otra experiencia violenta del pasado, es decir, reinstalando dicho acon­tecimiento como signo en un nuevo contexto histórico, a través de un discurso lite­rario por el que también se insiste, aunque de otra manera, en el trabajo sobre el lenguaje.

Podría desplegar una lectura intertextual rigurosa desde un desplaza­miento hacia esa novela de Roa de la que La revolución... se vuelve receptáculo y continuación. Por razones obvias daré pocos ejemplos: si bien en Hijo de hombre, la experiencia de la guerra del Chaco (1932-1935)centraliza el texto, por el recuerdo se incluyen referencias a la Dictadura de Francia y la guerra de la Triple Alianza, recuperándose hasta la época de las Misiones jesuiticas. La revolución en bicicleta introduce, a través del relato de Bartolo Gaite, ex-oficial del ejército paraguayo exiliado en el Chaco argentino, la visión de un país diezmado por la guerra de la Triple Alianza para avanzar hasta la dictadura de Stroessner, concentrándose en el levantamien­to cívico militar de 1947 contra el dictador Higinio Morínigo – núcleo del relato. En ambos textos la estrategia compositiva es la recuperación de un pasado desde un presente reconocido como soporte, desde problemas que involucran al pueblo paraguayo y son emergentes de procesos reiterados – el trabajo/castigo, la marginación social, las con­secuencias de enfrentamientos, especialmente entre militares y civiles. Así, lo más lejano en el tiempo resuena a trasluz de un he­cho actual - generalmente violento -, apareciendo como «unos orígenes» de don­de deviene el presente. El gesto paródico (la continua opción de Roa) contribuye al efecto risible que produce la lectura de La revolución en bicicleta, generado desde el título, reforzado por la construcción de los personajes y su esfera de acción desde la caricatura y el grotesco, y por aquellos mecanismos que proponen una forma desenfadada de desarrollar el discurso. Son interesantes ciertos procedimientos que producen cercanía e interacción entre ambas novelas: La revolución... parodia la organización fragmentaria de Hijo de hombre, el ritmo entrecortado y aparentemente alógico de sus secuencias, característicos de las exposiciones orales. La diferencia entre lineamientos pares e impares por el uso de primera o tercera persona se repite llegando a la crispación en el nuevo texto, más fragmentario que el anterior; y a pesar de darse la misma alternancia entre personas gramaticales, es siempre Bartolo Gaite el sujeto de enunciado o en función de quien el relato se constituye. Es destacable el procedimiento de inversión en la construcción de este personaje pues concentra rasgos del héroe y del anti-héroe de Hijo de hombre, encarnados, como se recordará, por Cristóbal Jara y Miguel Vera respectivamente. Un ejemplo: en el principio de La revolución en bicicleta se recupera la imagen de los pies descalzos para caracterizar a Bartolo; esto, en apariencia poco relevante, cobra funcionalidad al ser leído en la perspectiva intertextual que la parodia propone, pues dicha marca reiterada, identifica a los campesinos de Hijo de hombre remitiendo a un tipo de conexión con el espacio que es manifestación de una situación definitiva en la his­toria de la franja social a la cual también Bartolo pertenece. Los pies descalzos instalan al hombre paraguayo arrai­gado a su tierra y a los otros, característica que Bartolo (a pesar de ser militar) comparte con los revolucio­narios de Roa. En Hijo de hom­bre el sujeto del enunciado jearquizado, Miguel Vera, un militar de origen humilde como Bartolo, es justamente el personaje marginado por voluntad propia, separado por la traición, el individuo que siempre está calzado. Además está la distorsión de otro rasgo que comparten: ambos se conectan con la actividad intelectual por una lectura y reflexión continuas, pero mientras Miguel Vera está imposibilitado para reinsertarse a través de este ejerci­cio, entonces estéril, el otro insiste en una crítica permanente de sus acciones, sostenida en una revisión si bien asistemática de la historia de América Latina, del pensamiento de Marx o Lenin (74), siempre orientada hacia actos revolucionarios futuros, movilizada por una autoconciencia de lo que condujo al fracaso cada vez. Y está la imagen de la bicicleta relacionada con Gaite y la revolución. Dicha imagen es también un signo en relación sustituta con el tren-vagón de Hijo de hombre, vinculado con la estirpe del héroe y representativo de la lucha colectiva. Respecto de la bicicleta es posible señalar el proceso de trans­posición verificable en nuestros narradores: ciertos objetos, articulados en expresiones de otros sistemas culturales con una con­notación particular, sufren la conversión de su significación una vez instaurados en este contexto. Roa[7], por ejemplo, destruye la connotación asociada al tren, que deja de ser símbolo de progreso, para encarnar la lucha revolucionaria, mecanismo repeti­do por Giardinelli con la bicicleta. Y la elección de este signo – objeto no es casual: se corresponde con la proyección y el carácter dinámico que Bartolo atribuye a la revolución, tanto en el triunfo como en la derrota, desde adentro o afuera: “... se detienen los hombres, los que se quiebran, pero no la revolución...” (206). Este planteo rei­tera una de las propuestas esenciales de Hijo de hombre, jerarquizadaen la organi­zación de un relato armado sobre la intensificación por contraste entre la actitud pasiva del sujeto de enunciado y la acción ininterrumpida en la que se embarcan los hé­roes. La historia de vida de Bartolo Gaite tiene un solo sentido: hacer en y para la revolución por un compromiso permanente con la libertad, a pesar del fracaso, la cárcel, la tortura y aun el exilio. Este procedimiento de inversión de la figura del militar se refuerza por otra posibilidad de Bartolo que actualiza uno de los fundamentos del proyecto de Roa, la posesión de la palabra oral. La radio es otro signo jerarquizado en la novela y reemplaza a la bicicleta, apareciendo como el medio que permite sostener el levantamiento cívico-militar. Si la toma de la radio por parte de los revolucionarios obedece a motivos tácticos y responde a una necesidad de justificar acciones, se debe tener presente su significado en función de una cultura bi­lingüe, que como Roa señala «.. .es y seguirá siendo por mucho tiempo todavía, una cultura eminentemente oral...».[8] La pertenencia de Bartolo Gaite a su pueblo implica un conocimiento de esta situación, por ello jamás interrumpe su discurso germinado en la convicción y articu­lado en guaraní en sus zonas más fuertes: "¡Y quién có es el que está dispuesto a dar su sangre por la liberación...!" Y me gritaron todos: "¡ñandé, ñandé!", que en guaraní quiere decir nosotros, todos nosotros. ¡Mierda!», 136)

Detengámonos ahora en el efecto crítico pretendido por Giardinelli: es evidente un cuestionamiento de las nociones de héroe / anti-héroe proyectadas en Hijo de hombre por la inversión en la construcción de la figura del militar paraguayo. No obstante, considerado el frag­mento histórico recortado, dicho procedimiento no es arbitrario: propone una lectura diversa de la vinculación entre dos grupos antagónicos (civiles/militares) a la luz de una insurrección que produjo diez mil muertos, fue silenciada, por haberse promovido desde estructuras -inferiores- descontentas del ejército, y atípica, por recibir el apoyo de todos los «ciu­dadanos» de Concepción. De acuerdo con los rasgos culturales actualizados, de ningún modo la actitud crítica compromete las constantes de Hijo de hombre: el arraigo como determinante de un compromiso respecto de la lucha por la libertad desde una acción continua, aun lejos de la propia tierra, y una valoración de la oralidad como marca que manifiesta la pertenencia a un sistema bicultural. También es posible hablar de un efecto crítico en ese poner en cues­tión un modo de escritura por la característica notable de La revolución en bicicleta, la insistente reelaboración de un coloquialismo[9]- ausente en el genotexto - desplega­do desde marcas diseminadas reiteradamente a lo largo de la novela y reforzado por una referencia al carácter de «relator» asumido por Gaite. Por esta estrategia es posible actualizar cada vez, su voz – que ha sido sostén de la rebelión del '47 –, superponiéndose el tiempo novelizado, el de producción y el del acto de lectura: ese discurso «audible» restituye así, la dimensión plena de un diálogo en que nos volvemos oyentes de la historia. Desde las vinculaciones e interacción descriptas, además están los efectos de apertura y dinamismo que el gesto paródico instala al apropiarse de otro discurso, siempre en diálogo por aparecer en­tramado en el actual: en principio se fractura cualquier carácter lineal aboliendo la idea de una sucesión – y entonces cualquier perspectiva histórica evolucionis­ta – en beneficio de lo simultáneo, lo que permite, a su vez, un ejercicio de lectura pro­ductivo que obliga a repensar ese discurso anterior, neutrali­zando o suspendiendo juicios previos.

Aunque pienso que Giardinelli, como siempre ha intentado Roa, logra ubicarse alusivamente en una relación significativa con un presente de enunciación - paraguayo y argentino: el tiempo de producción y publicación de ambos textos es el de la tiranía de Stroessner. Tiene sentido que un Bartolo Gaite de La revolución... recuerde el levantamiento del '47 como unos orígenes, pues es cuando aparece en escena el dictador - sin el rango y el poder que lo llevan después al gobierno. Y más lo tiene que siga andando en bicicleta, buscando y espe­rando noticias que cristalicen la lucha del pasado y la posibilidad del regreso, con esa esperanza que ha guiado a todos los héroes de Roa. Como éste, por ejemplo, examina de paso las relaciones internacionales perversas que, en nuestro continente, determinan intereses gubernamentales vinculados con proyectos exógenos, o la forma ambigua de operar de ciertos gobiernos - como el argentino - con dictaduras del conti­nente, como la de Stroessner. Pero leo, además, el carácter contestatario de Giardinelli respecto de las consecuencias de la dictadura argen­tina y de su discurso autoritario, vigentes desde 1976. La revolución del '47 fue el enfrentamiento que causó la mayor expatriación de paraguayos en su historia: no menos de dos millones de seres humanos abandonaron su país, entre ellos, A Roa Bastos, quien se refugió en Argentina hasta 1976. El relato de Gaite empieza a ser contado, nada casualmente un día de verano del 76 (11), y es una reflexión descarnada sobre los traumas del exilio, de la expulsión y un alejamiento que lleva a vivir «haciendo cosas para pasar el tiempo» (242) Pienso que no se trata entonces sólo de la novelización de un fracaso revolucionario del pasado en otro país, sino de la puesta en discurso, desde una mirada oblicua, de la experiencia sofocante que padecieron muchos argentinos. Estar «afuera» suponía necesariamente un «adentro», actualizándose la fractura del campo intelectual resultante de una operación victoriosa de la dictadura.[10] La imagen reiterada de una «carta esperada» por Gaite en el exilio, constituye a unos interlocutores que aún están «adentro», con los que no es posible comunicarse asiduamente y que, a pesar de ello, siguen siendo pensados como tales por formar parte del mismo campo cultural. En relación está el contar algo a alguien o forma como se plantea la novela, transgrediendo también los límites impuestos por una censura que silenció a mu­chos, entre ellos obviamente narradores. Es así como Bartolo tiene la posibilidad de abrir las compuertas de su discurso mostrando hasta lo más intimo, pero lo interesante es que hay «otro» dispuesto a escuchar atentamente esas palabras, que con su sola presencia estimula y cimenta una comunicación fluida, por fin recobrada. Y la construcción de Gaite como un militar «antifascista demócrata» (79), capaz de promover una revolución orientada hacia la solución, «desde una perspectiva de izquierda» (79), de los problemas que aquejan a los suyos, posicionado en los márgenes, uno de los excluidos, reivindica justamente una postura ideológica opuesta a la asumida por los militares argentinos del '76.[11] Asimismo, atendiendo a los procedimientos textuales tratados, tam­bién es posible ubicar La revolución en bicicleta como discurso antagónico al mo­delo de discurso autoritario - monológico, centrado, unidireccional, restaurador del orden, transmisor de verdades indiscutibles - impuesto por ellos. En ese sentido quizás sería po­sible incluir esta novela en cierta narrativa argentina escrita durante ese momento que, como señala Sarlo, aún desde una perspectiva que «continúa siendo más afín con la del realismo» se inscribe «en el marco de la crisis de la representación realista»[12] Pienso en el gesto paródico como opción que genera un espacio dialógico siempre resonante, discurso doblemente orientado que pone de manifiesto la noción de una dualidad y cuestiona el orden de lo real. Vinculado con la parodia y reforzando ese efecto expansivo, están el cruce de registros por los que se reelabora un discurso periodístico – bien conocido por Giardinell – y una lengua coloquial o vía de resignificación de lo popular: el texto se plantea por ello como una zona inclusiva donde, desde las formas gramaticales a los procedimientos intertextuales, se da cabida a otros desde sus discursos, pero también donde todo aparece homologado. Esta lectura en sesgo permite jerarquizar el sentido negativo que arrastra el prefijo en continuas explicitaciones de Gaite sobre el des-orden de la narración que está montando, que no aluden a lo caótico, sino a una posibilidad de inversión de lo establecido, por lo cual se llega a entender su mirada resignada, aunque optimista. El ejercicio sugerente de Giardinelli es otra apuesta a un poder, el de la ficción, en clave de uno de los narradores que ha valorado ese reducto como la eu-topia[13], el mejor lugar desde donde librar todas las batallas de extramuros que le «están permitidas» en su condición de intelectual. Me parece que contar el pasado de otros es aquí apelar a la imaginación como el «poder de separación» gracias al cual, por la imbricación de la percepción y las operaciones de la memoria, resulta posible representar lo más alejado, distanciarse del presente para volver a emplazarse en el lugar de origen y producir desde allí si no lo alternativo, al menos lo competitivo.



[1] Pomaire la edita en España. Manejo la edición de Bs. As., Bruguera, 1984. Las citas y paginación anotadas de ahora en adelante corresponden a la misma. GIARDINELLI ha publicado además El cielo con las manos (1981); ¿Por qué prohibieron el circo? (1983); Luna caliente (1983, Premio Nacional de Novela, México); Qué solos se quedan los muertos (1985); Santo oficio de la memoria (1991, Premio Rómulo Gallegos, Vene­zuela); Imposible equilibrio, El cielo con las manosetc., La Venus de papel –en colaboración con Graciela Gliemo-, Cuentos completos y ensayos.

[2] Manejo la edición de Bs. As., Revista de Occidente, 1969.

[3] En la cultura guaraní la vía lingüística oral es apoyo y reflejo de un pensamiento míticamente estructurado; es como si porque al principio todo fue palabra, todo puede volverse palabra. Cfr. Litera­tura guaraní del Paraguay (Comp. Rubén Bareiro Saguier) Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1980.

[4] Ver al respecto A. ROA BASTOS, «La narrativa paraguaya en el contexto de la narrativa hispano-americana actual», Augusto Roa Bastos y la producción cultural americana. (Comp. Saúl Sosnowski). Bs. As., Ediciones de la Flor, 1986 (117-138).

[5] Cuando H.White revisa a Ricoeur respecto de la narrativa histórica plantea esta cualidad indicial como “del tipo de acciones que produce el tipo de acontecimientos” que llamaríamos históricos. Ver El contenido de la forma. Barcelona: Paidós, 1987 :188.

[6]La expresión es de J.J.Saer,.”El concepto de ficción”. Punto de vista , Año XIV, No 40 (julio-setiembre 1991): 2

[7] Jean FRANCO, «La parodia, lo grotesco, y lo camavalesco. Conceptos del personaje en la novela latinoa­mericana», Punto de vista, Año 1, N.0 1(1978)

[8] A. ROA BASTOS, «Cultura oral y literatura ausente», Página 12 (26-1-1989)

[9] Me refiero entre otras, a shifters de organización del discurso; a uso reiterado de adverbios en «mente» que funcionan como operadores pragmáticos (ver A. M. BARRENECHEA, «Operadores prag­máticos de actitud oracional: los adverbios en -mente y otros signos», Estudios lingüísticos y dialectológicos, Bs. As., Hachette, 1979); a empleo constante de construcciones verbales o partículas que instalan el refuerzo de la aserción, etc.

[10] Cfr. Beatriz SARLO, «El campo intelectual: un espacio doblemente fracturado», Represión y re­construcción de una cultura: el caso argentino (Saúl Sosnowski Comp.), Bs. As., Eudeba, 1988.

[11] Beatriz SARLO cita un trabajo de Silvia SIGAL e Isabel SANTI -«Del discurso en el régimen autoritario: un estudio comparativo», París, 1985- donde se examinan los discursos de los militares chilenos y argentinos como orientados a fundar una legitimidad diferente de la del orden democrático, en «Política, ideología y figuración literaria», Daniel BALDERSTON y OTROS, Ficción y política. La narrativa argentina durante el proceso militar; Bs. As., Alianza, 1987.

[12] El ensayo de SARLO (1987) es iluminador para el estudio de novelas argentinas publicadas en el país y en el exilio entre 1976-1986, op. cit.

[13] Baczko diferencia utopía de eutopia (tierra sin ningún lugar, el mejor lugar, respectivamente) Cfr. Los imaginarios sociales. Bs As: Nueva Visión, 1991.